Hay quien dice que el pelo retiene memoria de lo vivido, hay quien dice que los estados de ánimo se adhieren a él como una pátina imborrable, también comentan que puede hacerse un mapa de los sitios visitados simplemente con un único cabello.
Hay quien cuenta su vida a través de imágenes. Desde la caja de galletas donde la abuela guardaba la única fotografía que tenía de sus padres a los perfiles de facebook hinchados hasta la saciedad de platos de comida, caras sonrientes y retratos ante el espejo hemos establecido un relato sobre nosotros mismos tan explicito como misterioso. La impudorosa exactitud que exhibe la imagen privada acompaña entre bambalinas un drama que requiere un discurso íntimo.
Por último hay quien disfruta del camino enrevesado de las sinuosas vueltas que dan las metáforas y desafía la exactitud con la potencia evocadora de las leyendas. La explicación mítica, tan caótica, tan irracional y que sin embargo anida como pocas en el territorio de la imaginación. Son los cuentos que nos leen de niños, las leyendas de nuestros pueblos y las mitologías de las que somos herederos.
Tres discursos (el científico, el íntimo y el mítico) que contribuyen a decirnos quien somos.
El proyecto es aparentemente sencillo: una persona se corta el pelo en cámara mientras escuchamos un cuento, una leyenda. Pero las cosas no son tan simples, el video traspasa la documentación para convertirlo en imagen privada al compartir el momento con amigos y familia y la leyenda no es más que el retrato en clave metafórica de los recuerdos vividos mientras el pelo crecía. La idea es generar un mosaico de retratos que aúnen biografías en una suerte de mitología íntima.